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¿Tú, eres proactivo?


Todos en algún momento hemos escuchado la palabra proactivo, y cómo definiríamos el ser proactivo. Podríamos decir que se refiere a ir delante de los problemas antes que éstos se presenten, o bien ofrecer algo a alguien mucho antes de que este lo requiera, esto sería más bien anticiparse. En los sistemas normalizados de calidad, se define la anticipación como acción preventiva en contraposición a correctiva. 
Cuando hablamos de una persona proactiva generalmente nos referimos a aquella que siempre anda adelante, sin necesidad de que otra, compañero o superior, lo esté presionando para que saque una tarea o bien la que siempre tiene una actitud positiva de querer hacer las cosas de una manera mejor.
Decimos proactiva a aquel que estudia, se prepara, lee, se informa, y busca siempre nuevas formas para hacer las cosas, sean éstas sencillas o complejas.
El ser proactivo o proactiva es una actitud más que aptitud, es la forma como se enfrenta la vida, como se relaciona con compañeros, colegas y familiares. Por lo general es algo que se trae. Para cambiar esa actitud, es necesario trabajar en comportamientos específicos, los cuáles al practicarse repetidamente se convierten en hábitos y esos hábitos en actitudes. 
Pensar que en la vida nunca dejamos de aprender y toda persona tiene algo que enseñarnos. Enfocarse en los objetivos y no en las personas. Aceptar que sobre una idea nuestra, habrán siempre mejores formas de hacer las cosas.
Es necesario además de adquirir buenos hábitos, el librarse de los malos, lo que requiere decisión, disciplina, acción y perseverancia. 
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El duelo del desempleo



Hoy en día, el desempleo, por desgracia se ha convertido en algo común y que escuchamos casi a diario en los noticieros y lo que es peor, ya forma parte de nuestro entorno cercano.  Si no tenemos un familiar desempleado, por lo menos conocemos a alguien cercano en ésta situación y dicho problema no solo afecta a la economía nacional y familiar, también lo hace de manera psicológica y emocionalmente.

Se ven tantos desempleados que de verdad, son sorprendentes  los estragos que puede causar en la autoestima de la gente. Personas con trayectorias sorprendentes y logros impresionantes, comienzan a dudar de sus verdaderas capacidades. Entonces viene la máscara, hay quien baja demasiado su autoestima, o hay quien la disfraza de ego y se vuelve prepotente.

Tenemos que entender que además del conflicto que representa tener un desempleado en casa, el problema, es que ésta situación es GENERACIONAL.

¿A qué me refiero con esto? A que antes el buscar empleo, significaba levantarse todos los días muy temprano, salir trajeado con unos 50 currículums en mano y dedicarse a recorrer la ciudad de puerta en puerta repartiéndolos; en cuanto a los reclutadores, si ellos se llegaban a interesar, llamaban a las casas para solicitar la entrevista, y así, todos los días se la pasaban fuera del hogar, en búsqueda de trabajo. Lo que significaba para nuestro alrededor una búsqueda activa.

Hoy en día la forma de buscar empleo, ha cambiado drásticamente, por lo que la rutina del desempleado consiste en levantarse diariamente y estar pegado en la computadora cerca de 8 horas, lo cual implica que después de 3 horas en que ya revisó todas las bolsas de empleo, sigue viendo la misma vacante repetida. Pasan los días y no cambian las vacantes, es decir, no hay nuevas. Entonces empieza la navegación viciosa por internet, hasta que también se acaba el material, comienzas a deambular por la casa, de mal humor, desesperado, observando detalles sin importancia, al no tener más que hacer, empiezan a surgir las enfermedades, descubres que te duele el dedo gordo del pie, hasta que llega la depresión.

Todo lo anterior, sin contar la presión familiar, ya sabes... "a qué hora te vas a salir a trabajar" "deja de estar chateando o jugando en la computadora", etc.

La forma en la que hoy en día se busca empleo es mucho más pasiva, además de que los procesos que utilizan las empresas son más sofisticados y eso hace que un proceso de contratación pueda tardar meses.

De acuerdo a lo observado, el duelo del desempleo en nuestra generación, no solo podría llegar a compararse con el duelo de la muerte de algún familiar,  es mucho peor.

En la muerte de un familiar, tenemos varios consuelos, "desde que ya pasará", "está en un lugar mejor", etc.  Y además sabemos que es algo seguro que en algún momento de nuestras vidas va a suceder.

Con el desempleo no sucede así, ya que pensamos que nunca nos va a suceder. No contemplamos esa opción en nuestras vidas.

Lo primero que debes saber, es que para nuestra generación es algo normal, y no significa ni que seas un fracasado ni que no sirvas para nada.

Es tan simple como una consecuencia de la situación económica actual, pero que no tiene que ver siempre contigo, es decir, no es personal.

Las empresas pueden pasar por situaciones económicas difíciles y requerir un recorte de personal para estabilizarse, y puede ser que por desgracia te toque a ti.

Tenemos que aprender a vivir y a estar preparados para esto.

Algunas ideas que te sugiero para sobrevivir al desempleo son:

Revisa tus logros del pasado, te ayudará a tu autoestima y te servirá para plasmarlos en tu currículum (cuando hablo de logros, hablo de aquellas aportaciones que le dejaste a la empresa aunque tú ya no estés, no a logros personales).
Haz una rutina diaria, es decir, levántate temprano y por favor, quítate la pijama, arréglate y entonces si ponte a buscar empleo en la computadora, dedícale cerca de 3 horas diarias. Una recomendación muy personal es, escucha música positiva y optimista.
Haz ejercicio, el ejercicio elevará tus endorfinas y te hará ver las cosas de otra manera, ayudándote a mantenerte activo y en buena salud física y mental.
Relaciónate. Cuando estamos desempleados, dejamos de ir a fiestas o reuniones, bajo pretexto de que "todos hablarán de sus trabajos y yo de qué". Bueno, pues es el momento de promocionarte, que la gente sepa que estás buscando empleo. Una de las técnicas más efectivas para conseguir empleo es por medio de contactos y conocidos. Es el momento, de ir por tu agenda y tomar café con los amigos. OJO. Algo muy importante, es que vendas tus conocimientos y habilidades, por favor, no te promociones a través de que la gente conozca tu grave situación financiera, sino lo mucho que podrías ser útil tu experiencia en una organización.
Conoce nueva gente, no siempre se necesita mucho dinero para esto.
Te recomendaría que en lugar de buscar desde tu casa en internet, lánzate a un Starbucks.  

Descansa, claro sin llegar al extremo de no moverte de la cama. Pero tómalo por el lado amable, probablemente tu cuerpo y mente están muy cansados después de tantos años de arduo trabajo.
Ocupa tu mente, para que no estés pensando en insignificancias. Sal al parque a leer un buen libro, si, ese que lleva años en librero y que precisamente por falta de tiempo no leías. Necesito que tengas ocupada tu mente, para que no te estés fijando que si el señor de la basura no hace su trabajo, que si la vecina, que si el primo de un amigo.
Enfócate en alimentar tu mente y si lees algo de auto ayuda, hasta tu alma.
Aunque bien, el buscar empleo es un trabajo de tiempo completo, no significa que solo tengas que tener una estrategia, si te das cuenta, hasta haciendo ejercicio fuera de casa puede resultar en un plan. Nunca sabrás si algún director corre en la misma pista que tú.

 


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¿Que tipo de jefe tienes?



El que se cree Dios, el maquiavélico o el masoquista, aprende a tratar a tu superior en el trabajo; en México, los jefes más comunes son aquellos que no saben manejar conflictos.

No todos los superiores son iguales. Algunos destacan por su habilidad para delegar, otros no saben cómo impulsar la carrera de sus empleados, y hay quienes viven a expensas de las decisiones tomadas por sus colaboradores

En México, el común denominador son los jefes que tienen dificultades para negociar y manejar conflictos, de acuerdo con una encuesta de la consultora Crecimiento Sustentable.
Que una persona no reconozca el desempeño, es lo peor que le puede pasar a los mexicanos. 

 Una encuesta del portal Trabajando.com entre 3,000 trabajadores reflejó que 32% opinan que el defecto de su jefe es ser prepotente y no valorarlos.

Otro 20%, se siente molesto ante la idea de trabajar con quien no sabe escucharlo, y 14% percibe que no le expresan con claridad las metas laborales. 

Es verdad que los problemas en el trabajo siempre invitan a comparar qué tipo de jefe tienes y cómo logras lidiar con él o ella. 

Hay diversas subcategorías de jefes: "dioses", "maquiavélicos", "masoquistas", "sádicos" y "colegas". ¿Con cuál te relacionas? 

 "Soy como Dios". Literalmente, estas personas sienten que la misión de sus empleados es venerarlos. Les interesa tener la autoridad por sobre todo, se aferran a que su verdad sea única.
Quizá esta persona "juega a ser Dios para compensar una tremenda falta de confianza en sí mismo"

"Soy el terror de la oficina". En efecto, ése es el maquiavélico. No se cree Dios, es una persona inteligente, tiene más juicio y no le importa descargar su frustración con quien se ponga en frente. 

Es gente que compromete hasta el último esfuerzo de su ser para alcanzar la cúspide. Son superiores que saben todo, menos lo que nos les interesa (como la salud y el bienestar de los demás).

No sorprende que estas personas levanten la voz a sus empleados delante de los clientes, y mientan acerca de los resultados del colaborador, en ese tipo de personalidad no hay compasión y menos confianza"

El problema con estos superiores es que al no pensar en el desarrollo de los demás, no hay posibilidad de crecimiento y la persona termina -la mayoría de veces- por renunciar. 

Que otros actúen. El jefe masoquista tienen la cualidad de hacer "todo lo posible" porque su departamento fracase, prefiere que los demás o las áreas de arriban solucionen. 

Son personas que por mayor intento que se haga para convencerlos sobre lo bueno de un proyecto le encuentran dificultades; son quisquillosos. Nada de lo que haga su equipo es suficientemente bueno.

El jefe sádico se resiste a dejarte cambiar de departamento cuando solicitas una transferencia de área.


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Consejos para desarrollar la resilencia…





  • No temas expresar tu opinión, incluso si las personas tienen un punto de vista opuesto. Formula preguntas y escucha las respuestas.
  • Tómate un respiro. Cuando algo malo sucede en tu vida, el estrés de lo que estás atravesando puede agudizar las tensiones cotidianas.
  • Haz de tu habitación o departamento una “zona de tranquilidad”. Esto no significa que nadie pueda entrar sino que el hogar debe ser un refugio libre de estrés y ansiedad.
  • En períodos de mucho estrés, planifica una rutina y cúmplela.
  • Asegúrate de cuidarte física, mental y espiritualmente. También asegúrate de dormir. Si no lo haces, puedes estar más malhumorado y nervioso en un momento en que necesitas estar animado.
  • Los malos momentos nos hacen sentir fuera de control, recupera parte de ese control tomando una acción decisiva.
  • Exprésate. La tragedia puede provocar una serie de emociones conflictivas, pero a veces, es simplemente muy difícil hablar con alguien sobre lo que sientes.
  • Ayuda a otros. Nada libera más tu mente de los problemas que resolver los problemas de otros.
  • Lo mismo que a ti te estresa puede ser de lo que todos están hablando ahora; pero a la larga, las cosas cambian y los malos momentos terminan.
  • Intenta limitar la cantidad de noticias que ves, ya sea en televisión, diarios o revistas, o Internet.
  • La resilencia es un camino y cada persona se tomará su propio tiempo para recorrerlo y puede ayudarte a ser una de esas personas que salen a flote o tienen capacidad de recuperación.
  • Bebe de la fuente cuando tenga agua, no cuando tengas sed.


Fuente:Planocreativo


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